CARISMA Y APOSTOLADO


1. Carisma.




Nuestro carisma es trinitario y busca conocer y amar a la Trinidad Santísima y darla a conocer a los demás, en especial a los más pobres y necesitados, para que todos los hombres, sabiéndose infinitamente amados por las divinas Personas, correspondan a su amor y den gloria y alabanza a la Trinidad omnipotente.

Nuestra espiritualidad consiste:
A) en tomar conciencia de la inhabitación de la Santísima Trinidad, descubriendo la verdad del Dios vivo que, en su inmutable amor, permanece en el interior de cada alma, dando al hombre cuanto necesita para ser perfecto y alcanzar la salvación; y
B) en conocer mejor y meditar la acción salvífica de cada divina Persona para establecer una relación de profundo amor con cada una de Ellas, sabiendo que es un solo y sempiterno Dios, en cuyo misterio existen tres Personas distintas que nos manifiestan en cada momento, la verdad de su divino amor (CEC 258, 259 y 260.) "Toda la vida cristiana es comunión con cada una de las divinas Personas, sin separarlas de ningún modo (CEC 259.)



2. Apostolados.




Para cumplir nuestra misión salvífica en la Iglesia, somos mensajeros de la Augusta Trinidad enseñando, con el testimonio de nuestra vida recogida y orante, y proclamando de viva voz a los que viven en tinieblas, que la Trinidad de amor es la suprema verdad de nuestra fe.

En el Misterio de la Iglesia de la Trinidad, vivimos en verdad como hijos del Padre, hermanos de Dios Hijo y templos vivos del Espíritu Santo y proclamamos, como mensajeros trinitarios, las misericordias del Padre, el amor esponsal del Hijo y el fuego salvífico el Espíritu Santo.

"Id y proclamad la Buena Nueva" (Mc 16,15) son las palabras que el divino Maestro dijo a sus discípulos y, nosotros, Aliados Carmelitas Descalzos de la Santísima Trinidad, las haremos vida, llevando a las almas que Dios nos encomiende, las verdades trinitarias que son nuestro evangelio, nuestro credo, nuestra oración y salvación.

Conscientes de que Dios es un abismo de riqueza y sabiduría, pero deseosos, como mensajeros de la Santísima Trinidad, de exaltar la belleza integral del Misterio Trinitario, reconoceremos la dimensión trinitaria de toda verdad y obra salvíficas y proclamaremos que todo el designio divino de creación, redención y santificación y cada una de sus realizaciones, procede del Padre, como principio y meta, y se realiza en su Hijo Jesucristo, por medio del Espíritu Santo.

"Muéstranos al Padre" (Jn 14,8) fue la súplica de Felipe y, por su medio, la de todos los hombres al divino Maestro y, como sus mensajeros, iluminados por la fe, diremos al hombre de hoy que nadie conoce al Padre sino el Hijo y el Espíritu que sondea las profundidades de Dios, pero que el Hijo se ha complacido en revelarnos su nombre de Padre y su "benévolo designio", el sublime "Misterio de su voluntad" de Padre, que Cristo mismo realizó, en la "plenitud de los tiempos" (Ef 1,3-4.5.9.10) por medio de su Espíritu.

Nosotros "hemos conocido el amor que Dios Padre nos tiene y hemos creído en él" (1 Jn 4,16), y testimoniaremos con nuestra vida y palabras, que tanto nos amó Dios Padre que, en la plenitud de los tiempos, nos envió a su propio Hijo y a su Espíritu para que recibiéramos la filiación adoptiva y tuviéramos el poder y derecho de llamarle "Abbá", Padre nuestro, y heredar la riqueza de su gloria.

"Queremos ver a Jesús" (Jn 12,20-21), fue la súplica de los que se acercaron a Felipe y nosotros, sintiendo la urgente necesidad del hombre contemporáneo, queremos invitarle a que busque a Jesús, que es el Hijo y Palabra del Padre, que bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen (Credo) y puso su Morada entre nosotros, que nos reveló a Dios como su Padre y Padre nuestro y a su Espíritu como nuestro Paráclito y amigo; que se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación, por medio de la gloria del Padre, que es su Espíritu; y que ahora, constituido Señor y Cristo glorioso, Hijo de Dios en poder según el Espíritu de Santidad, exaltado por la diestra de Dios y coronado de gloria y honor, derrama sobre nosotros la plenitud del Espíritu que ha recibido del Padre.
Y porque hemos creído y experimentado su amor, invitaremos al hombre de hoy y de siempre con nuestra vida y palabras, a que no tenga miedo ni desconfíe del que es verdadero Dios y verdadero hombre y conoce mejor que nosotros mismos la grandeza y miseria que hay en el hombre, sino a que se abra y busque un encuentro vivo con Jesús, su Dios y su amigo, porque en amor viene a salvarnos a los pecadores y "nos purifica de todo pecado " (Jn 1,29.)

Porque conocemos al Espíritu que mora en nosotros y hemos experimentado su presencia dinámica y amorosa, proclamaremos al hombre de hoy, angustiado en su confusión, soledad e impotencia existenciales, que el Espíritu Santo, amor increado y don total, por amor nos hace hermanos del Hijo, hijos del Padre y templos de su gloria; que el Espíritu Santo, siendo presencia y amor, está siempre en nosotros como Abogado y Consolador y es dulce huésped del alma; que el Espíritu Santo es el protagonista en nuestra vida espiritual y misión apostólica, y el que nos transforma de gloria en gloria en la imagen del Señor Jesús.

"Sed misericordiosos como lo es vuestro Padre celestial" (Lc 6,36). Estas palabras de la Verdad divina resuenan en el alma del Aliado Carmelita de la Santísima Trinidad y para hacerlas realidad en nuestro caminar hacia el Padre, viviremos nuestra misión específica en el Cuerpo Místico de Cristo que es su Iglesia, sirviendo a todos los hombres, pero en especial a los más pobres y enfermos desahuciados, siendo siempre para ellos, "la sonrisa de Dios".

Para realizar esta misión evangélica, en la medida en que la divina Providencia nos propicie oportunidades, se abrirán en donde seamos requeridos:

" centros de evangelización con escuelas catequísticas trinitarias, jornadas y cursos de teología trinitaria;
" centros de asesoramiento espiritual para jóvenes, adultos y matrimonios;
" casas de ejercicios espirituales, con enfoque trinitario, para la gente más pobre y necesitada;
" parroquias y capellanías en donde transmitiremos nuestro carisma, partiendo del plan pastoral de cada diócesis;
" y casas donde, con solicitud y amor, se auxilie al oprimido en sus respectivas necesidades, se atienda al enfermo en su misión de dolor y se acoja al que nadie acepte.